Me encanta que resista el agua sin dejar de ser cómodo. ¡Justo lo que buscaba!
Gloria Lobato
Médico cirujano
Al principio me daba un poco de miedo pero leí los comentarios y eran buenos entonces me anime y fue una buena decisión los uniformes son de muy buena calidad tela anifluido y los diseños y colores muy bonitos los recomiendo ampliamente
Alicia Corrales
Farmacéutica
No solo son prácticos, los Jelrisofit también un diseño moderno. ¡Me siento súper bien llevándolos!
Mariana Ortega
Enfermera general
¡Qué prácticos son los bolsillos de este uniforme! Guardo el móvil, bolis y notas sin problema - ¡muy útil!
Stefani Goss
Veterinaria clínica
Tenía una pregunta sobre mi pedido y el servicio de atención al cliente me respondió súper rápido, solucionando todo enseguida. ¡Muy contento con su ayuda!
Keily Jossef
Dentista
Uniformes diseñados para cada profesión, donde el estilo se une con la funcionalidad.
Sonríe con confianza
En tu consulta, cada detalle cuenta. Nuestros uniformes te ayudan a proyectar limpieza, precisión y profesionalismo en todo momento. El tejido resistente a las manchas y fácil de cuidar mantiene tu imagen impecable durante toda la jornada. Porque tu sonrisa también forma parte del cuidado que ofreces.
Cuidado con pasión
Sabemos que tu trabajo exige movimiento, empatía y resistencia. Nuestros uniformes están pensados para quienes cuidan con el corazón: cómodos, transpirables y con bolsillos funcionales para todo lo que necesitas. Acompañan cada jornada entre pacientes peludos con la libertad que mereces.
Alegría que inspira
Tu presencia transmite calma y confianza a los más pequeños. Nuestros uniformes, con colores suaves y cortes cómodos, te permiten moverte libremente y mantener un aspecto alegre y profesional. Diseñados para acompañarte en cada consulta, creando un ambiente cálido y positivo.
Belleza en movimiento
En tu trabajo, la primera impresión es esencial. Nuestros uniformes combinan elegancia y comodidad, permitiéndote moverte con ligereza sin perder estilo. Te ayudan a proyectar limpieza, cuidado y confianza, creando una experiencia armoniosa para cada cliente.
Sonríe con confianza
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Cuidado con pasión
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Alegría que inspira
Tu presencia transmite calma y confianza a los más pequeños. Nuestros uniformes, con colores suaves y cortes cómodos, te permiten moverte libremente y mantener un aspecto alegre y profesional. Diseñados para acompañarte en cada consulta, creando un ambiente cálido y positivo.
Belleza en movimiento
En tu trabajo, la primera impresión es esencial. Nuestros uniformes combinan elegancia y comodidad, permitiéndote moverte con ligereza sin perder estilo. Te ayudan a proyectar limpieza, cuidado y confianza, creando una experiencia armoniosa para cada cliente.
Confesiones desde un turno nocturno en el hospital
Dentro de nuestra dinámica “No hablamos de trabajo, hablamos del corazón”, varias enfermeras y profesionales de la salud nos han escrito esta semana compartiendo momentos que rara vez dicen en voz alta.
Algunos mensajes son cálidos.Otros simplemente honestos.
Hoy compartimos uno que refleja algo muy común, pero poco hablado: el cansancio real de un turno nocturno.
(Nombre reservado por privacidad)
“A las 3 a.m. el hospital se siente diferente”
Trabajo en un hospital público en México desde hace seis años. Ya estoy acostumbrada a los turnos largos, o al menos eso creía.
Entré a las 7:00 p.m. Esa noche faltó una compañera. Éramos menos para lo mismo de siempre.
Más pacientes.Más llamadas.Más pasos por el mismo pasillo.
El hospital de noche tiene otro ritmo. Las luces parecen más frías. El silencio es más pesado. Incluso los monitores suenan distinto.
A las 10:30 p.m. ya sentía el cuerpo rígido.A la 1:00 a.m. me dolían las piernas.A las 3:00 a.m., el cansancio ya no era físico solamente.
El momento que me hizo darme cuenta
Fui por café cerca de las tres. Lo dejé en la mesa de enfermería y regresé rápido porque un paciente necesitaba ayuda.
Después entré al cuarto de medicamentos para preparar lo que seguía.
Y ahí pasó algo pequeño.
Me quedé parada unos segundos sin recordar qué había ido a buscar.
No fue nada grave. No olvidé un procedimiento. No cometí un error. Solo fue un vacío breve.
Miré la bandeja. Miré la lista. Miré mis manos.
Y pensé: “Concéntrate.”
A los pocos segundos reaccioné y seguí trabajando como siempre. Todo salió bien.
Pero ese instante me dejó inquieta.
Porque entendí que no estaba solo cansada.Estaba agotada.
Lo que no siempre decimos
Hay un punto en el turno nocturno en el que el cuerpo sigue, pero la mente empieza a ir más lento.
Uno se vuelve más sensible. Más silencioso. Más introspectivo.
Empiezan preguntas que normalmente no aparecen durante el día:
“¿Cuánto tiempo más podré hacer esto?”“¿Es normal sentirme así de drenada?”“¿Alguien afuera entiende lo que es trabajar mientras todos duermen?”
No lo digo en casa.No lo digo en el hospital.
Pero a las tres de la mañana, esos pensamientos existen.
Y entonces pasa algo pequeño
Cerca de las 5:40 a.m., cuando ya empezaba a entrar un poco de luz por una ventana del pasillo, fui a revisar a un paciente mayor.
Estaba despierto.
Cuando terminé de acomodarlo, me dijo:
—Gracias por no dejarme solo esta noche.
Nada más.
No fue un discurso emotivo. No fue una escena dramática.
Pero en ese momento sentí que el turno bajaba un poco de peso.
Sí, estaba agotada.Sí, quería estar en mi cama.Sí, sentía las piernas tensas y la espalda rígida.
Pero alguien no se sintió solo.
Y supongo que eso cuenta.
No siempre es vocación. A veces es resistencia.
No voy a decir que esa frase lo cambió todo.
Al día siguiente dormí pocas horas y el cansancio seguía ahí.
Pero entendí algo sencillo:
A veces no seguimos por inspiración.Seguimos por pequeños momentos que hacen que el turno no sea solo desgaste.
Si trabajas de noche en un hospital, probablemente entiendes esto sin necesidad de explicaciones.
¿Te ha pasado algo parecido en un turno nocturno?
Esta semana estamos compartiendo historias reales del personal de salud en México: momentos cálidos, momentos difíciles y pensamientos que casi nunca se dicen en voz alta.
Si quieres compartir tu experiencia —un instante que te sostuvo o uno que necesitabas desahogar— puedes participar en nuestra dinámica especial.
Algunas historias serán seleccionadas (de forma anónima) para aparecer en nuestro blog y redes.
Un pequeño gesto para nuestra comunidad
Sabemos que los turnos largos no se solucionan con palabras.
Pero queremos dejar un detalle para quienes viven estas jornadas:
Código: FB50Descuento: 50 MXN sin mínimo de compraVálido hasta: 22 de febrero, 23:59 (hora de México)
Puedes utilizarlo directamente en nuestra tienda en línea.
Gracias por estar ahí incluso cuando el reloj avanza más lento de lo normal.
Esta semana, dentro de nuestra dinámica especial “No hablamos de trabajo, hablamos del corazón”, recibimos varios mensajes de enfermeras y personal médico en México.
Algunos eran divertidos.Otros, profundamente honestos.
Hoy compartimos uno que nos hizo detenernos unos minutos antes de seguir con el día.
(Nombre reservado por privacidad)
“Pensé que él ni siquiera sabía quién era yo”
Trabajo en un hospital público desde hace casi ocho años. He visto de todo. Turnos dobles. Noches eternas. Pacientes agradecidos. Pacientes molestos.
Pero esta historia no es dramática. Es pequeña. Y justo por eso no la olvido.
Hace unas semanas ingresó un señor mayor. No hablaba casi nada. Contestaba con monosílabos. Siempre serio. Siempre mirando hacia la ventana.
Yo estaba asignada a su área esa semana. Le tomaba signos, revisaba medicamentos, acomodaba la cama, lo ayudaba a sentarse. Lo normal. Lo rutinario.
A veces intentaba hacer conversación.
—¿Cómo amaneció hoy?—Bien.
—¿Le duele algo?—No.
Nada más.
Después del cuarto día dejé de intentar hablar demasiado. Pensé que simplemente era así. Callado. Distante. De esos pacientes que solo quieren que uno haga su trabajo y se vaya.
No lo tomé personal. En el hospital aprendes a no tomarte nada personal.
El turno más largo de esa semana
Ese viernes fue pesado. Muchísimo movimiento. Una compañera faltó. El turno se hizo eterno.
Recuerdo que miré el reloj: 3:17 p.m.Sentía las piernas duras, como si estuvieran llenas de cemento. No había tenido tiempo ni de terminar mi café.
En algún punto pensé:“Estoy demasiado cansada para seguir siendo amable.”
No lo dije en voz alta, claro. Pero lo pensé.
Cuando llegó el momento del alta del señor, fui a ayudarlo a cambiarse. Lo ayudé a sentarse despacio. Revisé que los papeles estuvieran firmados.
Todo normal.
Silencio, como siempre.
Lo que no esperaba
Antes de irse, metió la mano en la bolsa de su camisa y sacó un papel pequeño, doblado muchas veces.
Me lo extendió.
—Para usted —dijo.
Pensé que era algún documento que había olvidado. Lo abrí después, ya en el pasillo.
Era una hoja arrancada de una libreta. La letra era temblorosa.
Decía:
“Gracias por tratarme como persona y no solo como paciente.”
Nada más.
No era una carta larga. No era un discurso emotivo. Solo esa frase.
Y no sé por qué, pero sentí que algo dentro de mí se aflojaba.
Porque esa semana yo estaba funcionando en automático. Cumpliendo. Corriendo. Resolviendo.Y en medio de todo eso, alguien había notado algo.
No que puse la vía bien.No que administré el medicamento a tiempo.
Sino que lo traté como persona.
Lo que nadie ve del personal de salud
Muchas veces creemos que nadie se da cuenta del esfuerzo invisible.
Las horas de pie.El dolor en la espalda.El cansancio que no se nota porque seguimos sonriendo detrás del cubrebocas.
Ese papel no cambió mi vida. No hizo que el hospital fuera menos pesado. No solucionó el estrés.
Pero esa tarde, mientras me quitaba el uniforme en el vestidor, decidí algo sencillo:
Al día siguiente iba a volver.
No porque todo fuera perfecto.Sino porque, a veces, sí importa.
Y eso fue suficiente.
¿Te ha pasado algo parecido esta semana?
Historias como esta nos recuerdan que detrás de cada uniforme hay una persona con emociones reales.
Si eres enfermera, médico, dentista, terapeuta o trabajas en el sector salud en México, queremos leerte.
Esta semana estamos compartiendo momentos reales de nuestra comunidad:
💛 Un instante que te recordó por qué empezaste.😩 O uno que simplemente necesitabas sacar del pecho.
Puedes compartir tu historia en nuestra dinámica especial. Algunas serán seleccionadas para aparecer (de forma anónima) en nuestro blog y redes.
Un pequeño gesto para nuestra comunidad
Como agradecimiento por formar parte de esta conversación, dejamos aquí un detalle especial:
Código: FB50Descuento: 50 MXN sin mínimo de compraVálido hasta: 22 de febrero, 23:59 (hora de México)
Puedes usarlo directamente en nuestra tienda en línea.
Más que una promoción, es una manera de decir gracias por lo que hacen todos los días, incluso cuando nadie parece notarlo.
Si alguna vez alguien te dejó una nota, una palabra o un gesto inesperado… probablemente entiendes por qué esta historia merecía ser contada.
La elección de ropa cómoda va más allá de la simple preferencia; influye de manera significativa en tu estado de ánimo, tu nivel de estrés y, a largo plazo, en la prevención del agotamiento o burnout. Un atuendo que te permite moverte libremente y te hace sentir bien, reduce las distracciones físicas y fomenta una sensación de bienestar que se traduce en mayor concentración y menor tensión mental.
El Impacto Psicológico de las Prendas Cómodas
Sentirse cómodo con lo que llevas puesto tiene un efecto directo en tu psicología. Cuando tu ropa te aprieta, pica o restringe, tu cerebro registra estas sensaciones como pequeñas incomodidades constantes. Esto puede desviar tu atención de tareas importantes, aumentar tu irritabilidad y, con el tiempo, contribuir a un estado de ansiedad subclínica. Por el contrario, la ropa cómoda puede fomentar una sensación de seguridad, relajación y control. Te permite concentrarte en tus actividades sin la distracción de un elástico que te molesta o una tela que no respira. Esta libertad mental es crucial para mantener un estado de ánimo positivo y una alta productividad.
Beneficios Fisiológicos de Elegir la Comodidad
Más allá de lo mental, la ropa cómoda ofrece ventajas fisiológicas tangibles. Las prendas demasiado ajustadas pueden impedir la circulación sanguínea adecuada, limitar la movilidad y generar puntos de presión dolorosos. Esto no solo causa malestar físico, sino que también puede agravar condiciones como la tensión muscular en cuello y hombros. Optar por tejidos suaves y transpirables ayuda a regular la temperatura corporal, evitando la sudoración excesiva o la sensación de frío. La ropa que permite el movimiento natural del cuerpo reduce la tensión física acumulada durante el día, lo que es fundamental para prevenir dolores de cabeza, rigidez y fatiga general.
La Relación entre Incomodidad, Estrés y Burnout
La incomodidad crónica, incluso si parece menor, actúa como un estresor persistente para el cuerpo y la mente. Cuando pasamos horas en ropa que nos molesta, nuestro sistema nervioso permanece en un estado de alerta bajo, consumiendo energía de forma innecesaria. Este estrés prolongado, sumado a otras presiones diarias, puede agotar nuestras reservas mentales y emocionales.
El burnout no surge de un día para otro; es el resultado acumulado de demandas constantes y falta de recursos para afrontarlas. Si una parte de esas demandas proviene de la lucha constante contra la incomodidad de tu propia vestimenta, estás añadiendo una carga innecesaria a tu sistema. Elegir la comodidad es una forma sencilla pero efectiva de eliminar un estresor constante, permitiendo que tu energía se dirija a tareas más productivas y a mantener tu bienestar general, protegiéndote así del agotamiento.
Consejos Prácticos para Integrar la Comodidad en tu Guardarropa
Hacer de la comodidad una prioridad en tu vestimenta no significa sacrificar el estilo o la profesionalidad. Se trata de tomar decisiones conscientes.
Prioriza Tejidos y Ajuste
Opta por materiales naturales como algodón, lino o bambú, conocidos por su transpirabilidad y suavidad. Las mezclas con un toque de elastano pueden ofrecer flexibilidad sin sacrificar la forma. En cuanto al ajuste, busca prendas que no sean ni demasiado holgadas ni excesivamente ceñidas. Deben permitir una completa gama de movimientos sin arrastrar, apretar o causar rozaduras.
Entiende tus Actividades Diarias
Considera tu rutina al elegir tu atuendo. Si tu día implica mucho movimiento o estar sentado por períodos prolongados, elige ropa que se adapte a ello. Una jornada de trabajo remoto en casa puede requerir prendas diferentes a un día de reuniones presenciales, pero en ambos casos, la comodidad debe ser un factor clave. Incluso para eventos formales, existen opciones elegantes que priorizan la holgura y los tejidos amigables con la piel.
No Sacrifiques el Estilo por la Comodidad (o viceversa)
La moda actual ofrece una amplia gama de opciones que combinan ambas características. Invierte en piezas versátiles que te hagan sentir bien y verte presentable. Pantalones con cintura elástica, blusas de telas fluidas, calzado ergonómico y chaquetas sin estructura rígida son ejemplos de cómo la comodidad puede coexistir con un estilo pulido. La clave es buscar la calidad y el diseño inteligente.
Revisa tu Guardarropa con Conciencia
Tómate un tiempo para evaluar tu ropa actual. ¿Qué prendas te hacen sentir bien y cuáles te generan malestar? Deshazte de aquellas que te aprietan, irritan o simplemente no te hacen sentir seguro y a gusto. Construye un guardarropa funcional basado en piezas que te permitan afrontar tu día con confianza y sin distracciones incómodas.
Más Allá de la Ropa: Un Enfoque Holístico
Si bien la ropa cómoda es un pilar fundamental para el bienestar diario, es importante recordar que forma parte de un enfoque más amplio. La calidad del sueño, una alimentación equilibrada, la actividad física regular y la gestión del estrés son componentes igualmente cruciales. Integrar la comodidad en tu vestimenta es un paso sencillo pero poderoso hacia una vida con menos tensión y un estado de ánimo más resiliente, contribuyendo a tu salud mental y física en general.