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Muchos profesionales de la salud creen que están cuidando bien sus uniformes médicos… hasta que empiezan a ponerse duros, perder color o a oler mal después de cada turno. La verdad es que pequeños hábitos al lavar pueden acortar drásticamente la vida útil de tus scrubs.
El cloro parece la solución lógica, pero en realidad debilita las fibras, endurece la tela y acelera la decoloración, especialmente en uniformes oscuros.
Cómo evitarlo:
El agua caliente afecta la elasticidad del tejido, provoca encogimiento y deteriora el acabado antifluidos.
Alternativa recomendada:
Agua tibia entre 30° y 40°C.
Más detergente no significa más limpieza. El exceso deja residuos que atrapan bacterias y generan malos olores.
Qué hacer en su lugar:
Las toallas sueltan pelusas, la mezclilla raspa el tejido y la ropa de calle transfiere bacterias.
Lo correcto es:
Lavar los scrubs por separado y con prendas de textura suave.
Parece útil, pero un remojo prolongado debilita las fibras y genera acumulación bacteriana.
Lo ideal:
No superar los 20–30 minutos de remojo.
El suavizante puede bloquear la transpiración del tejido y afectar la capacidad de secado rápido.
Uso adecuado:
Estos errores son muy comunes, pero fáciles de corregir. Evitarlos prolonga la vida útil de los uniformes médicos, conserva su color, mantiene la comodidad y reduce costos a largo plazo. Cuidar bien tus scrubs no requiere esfuerzo extra: solo mejores hábitos de lavado.