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Los zapatos más adecuados para usar con uniformes médicos suelen ser cerrados, estables, de la talla correcta, fáciles de limpiar y con una suela apropiada para las superficies del lugar de trabajo. Dependiendo del área, pueden funcionar los tenis de trabajo, el calzado ocupacional tipo slip-on, los zuecos médicos con buena sujeción o los zapatos casuales cerrados.
Sin embargo, no existe un solo tipo de calzado que sea ideal para todo el personal de salud. Una enfermera que camina durante gran parte del turno tiene necesidades diferentes a las de un médico de consultorio, un odontólogo, un trabajador de laboratorio o una persona que trabaja en recepción.
Antes de elegir, conviene revisar las reglas del hospital, la clínica, la escuela o el centro de prácticas. Algunas instituciones establecen requisitos específicos sobre el color, el material, el tipo de suela, la protección del pie o el uso de calzado abierto.
La apariencia es solo una parte de la elección. Para determinar si unos zapatos son adecuados para trabajar con uniforme médico, es necesario revisar su comportamiento durante una jornada real.
En hospitales y clínicas puede haber agua, productos de limpieza, polvo, líquidos derramados u otros elementos que aumenten el riesgo de resbalones. Por esta razón, la suela debe ofrecer estabilidad y un nivel de agarre adecuado para el tipo de piso del lugar.
El Instituto Nacional para la Seguridad y Salud Ocupacional de Estados Unidos señala que las superficies mojadas o contaminadas son uno de los riesgos de resbalones en instalaciones de salud. El calzado con una suela adecuada forma parte de la prevención, junto con la limpieza correcta, la señalización y el mantenimiento de los pisos. CDC/NIOSH
No basta con que la descripción comercial incluya la palabra “antideslizante”. El agarre puede cambiar según el material del piso, la presencia de agua, aceite o productos de limpieza, el diseño de la suela y su nivel de desgaste.
La Health and Safety Executive recomienda valorar, además de la resistencia al deslizamiento, factores como la comodidad, la durabilidad y otras necesidades de seguridad. También advierte que muchas descripciones no explican sobre qué superficies o contaminantes se evaluó el calzado. Health and Safety Executive
Por eso, “antideslizante” no significa que unos zapatos tendrán el mismo agarre en todas las áreas de un hospital. Siempre que sea posible, conviene revisar la información técnica del producto y confirmar que sea adecuado para el entorno donde se utilizará.
Un buen ajuste evita que el pie se desplace demasiado dentro del zapato. El talón no debería subir y bajar de forma evidente al caminar, mientras que los dedos necesitan espacio suficiente para moverse sin quedar comprimidos.
No es recomendable comprar automáticamente una talla más grande pensando que será más cómoda. Un zapato demasiado amplio puede provocar movimiento interno, fricción e inestabilidad. Uno demasiado ajustado puede generar presión y molestias durante el turno.
Al probar el calzado, es útil usar el mismo tipo de calcetines que se utilizarán en el trabajo. También conviene caminar, girar, ponerse de pie y simular algunos de los movimientos habituales, en lugar de evaluar la comodidad únicamente mientras se está sentado.
La anchura también importa. Dos zapatos con la misma talla pueden ajustarse de manera muy diferente. Si un modelo presiona los costados del pie o permite demasiado movimiento lateral, probablemente no sea la mejor opción para una jornada prolongada.
En áreas clínicas suele ser más práctico utilizar calzado cerrado, especialmente cuando existe la posibilidad de contacto con líquidos, equipos móviles u objetos que puedan caer. El nivel de protección necesario depende del puesto y de la evaluación de riesgos de cada institución.
Los materiales lisos suelen ser más fáciles de limpiar que las superficies de tela muy abierta. Sin embargo, algunos materiales fáciles de lavar pueden ofrecer menos ventilación. La elección debe equilibrar limpieza, comodidad, protección y condiciones reales de trabajo.
Los tenis con malla pueden resultar cómodos y transpirables para puestos con mucha movilidad, pero no necesariamente son apropiados para todas las áreas. En laboratorios, quirófanos o espacios con riesgo de exposición a líquidos pueden existir reglas más estrictas.
En México, la NOM-113-STPS-2009 establece la clasificación, las especificaciones y los métodos de prueba aplicables al calzado de protección. Esto no significa que todo el personal de salud deba usar el mismo calzado certificado. La necesidad de protección especial depende de los riesgos del puesto y de las reglas del centro de trabajo. STPS
Unos zapatos pueden sentirse cómodos durante diez minutos y dejar de serlo después de varias horas. Para el personal que pasa gran parte del turno de pie o caminando, la comodidad debe evaluarse pensando en la duración y la intensidad reales del trabajo.
La sensación de comodidad depende de varios factores:
Un calzado muy blando no necesariamente es más estable, y una suela gruesa no garantiza que se reduzca el cansancio. Tampoco existe un tipo de soporte que funcione igual para todas las personas.
Si ya existe dolor frecuente en pies, tobillos, rodillas o espalda, es preferible buscar una valoración profesional en lugar de confiar únicamente en recomendaciones generales de compra.
Existen diferentes opciones que pueden combinarse con scrubs, batas o uniformes institucionales. Cada tipo presenta ventajas y limitaciones que deben compararse con las actividades del puesto.
Los tenis son una de las opciones más utilizadas por enfermeras, médicos, técnicos, fisioterapeutas, estudiantes y otros profesionales que caminan con frecuencia.
Entre sus posibles ventajas están la flexibilidad, la amortiguación y la variedad de ajustes disponibles. También pueden facilitar movimientos rápidos y cambios de dirección cuando su estructura ofrece suficiente estabilidad.
Sin embargo, no todos los tenis deportivos están diseñados para trabajar sobre pisos de hospitales. Un modelo creado para correr en exteriores puede comportarse de forma diferente sobre una superficie lisa o contaminada.
Antes de elegirlos, conviene revisar:
El calzado tipo slip-on no utiliza cordones y puede ponerse o quitarse con rapidez. Algunos modelos están diseñados específicamente para ambientes laborales y cuentan con una superficie exterior fácil de limpiar.
Puede ser una opción para odontología, farmacia, consulta, recepción clínica y algunos puestos de enfermería. No obstante, la facilidad para ponerlo no debe reducir la estabilidad.
El zapato debe permanecer sujeto al caminar. Si el talón sale constantemente, el pie se desliza dentro de la pieza o la persona necesita modificar su forma de caminar para que no se caiga, el ajuste no es adecuado.
También es importante distinguir entre un slip-on de trabajo cerrado y una pantufla o sandalia sin sujeción. La ausencia de cordones no convierte automáticamente cualquier zapato en una opción apropiada para un entorno médico.
Los zuecos médicos pueden utilizarse en algunas áreas cuando la institución los permite. Su estructura sencilla y ciertos materiales lavables hacen que sean populares en odontología, enfermería y otros servicios clínicos.
Los modelos completamente cerrados ofrecen mayor cobertura, mientras que otros incluyen una correa en el talón. En ambos casos, es necesario comprobar que el pie permanezca estable al caminar, girar o subir escaleras.
Un zueco demasiado amplio puede desplazarse y obligar a los dedos a sujetar el zapato durante la marcha. Esto puede resultar incómodo durante una jornada larga.
Los modelos con el talón abierto no están permitidos en todas las instituciones. Antes de usarlos, se debe revisar el código de vestimenta y los riesgos específicos del área.
Los zapatos casuales cerrados pueden funcionar en consultorios, psicología, administración, recepción y otros puestos con una intensidad moderada de movimiento.
Su apariencia suele ser más formal que la de unos tenis, por lo que pueden combinar bien con una bata, un uniforme médico o ropa profesional.
No obstante, un diseño formal no garantiza comodidad. Algunos zapatos casuales tienen suelas rígidas, poco espacio para los dedos o una base con escaso agarre.
Cuando se usarán durante varias horas, deben evaluarse con los mismos criterios que cualquier otro zapato de trabajo: ajuste, estabilidad, suela, facilidad de limpieza y duración de la jornada.
La siguiente tabla resume algunas opciones que pueden funcionar en diferentes áreas de salud. Son referencias generales; las normas del hospital, la clínica, el laboratorio o la escuela deben tener prioridad.
Un zapato puede combinar visualmente con el uniforme y, aun así, no ser apropiado para las actividades del puesto. En general, conviene evitar:
Esto no significa que todos los zapatos planos sean adecuados ni que todos los zuecos o tenis sean seguros. El comportamiento del calzado depende de su diseño, su estado, el ajuste y el entorno donde se utilice.
Una vez revisadas la seguridad, la comodidad y las normas de la institución, el color puede elegirse de acuerdo con el uniforme.
El negro, el blanco, el gris y el azul marino son opciones fáciles de combinar con distintos tonos de scrubs. Un uniforme claro puede acompañarse con calzado blanco, gris, azul marino o negro. Los uniformes oscuros también pueden combinarse con zapatos claros si el código de vestimenta lo permite.
Los scrubs en tonos vino, verde, lila, rosa o azul claro pueden equilibrarse con zapatos neutros. No obstante, utilizar un color más intenso no significa automáticamente que el calzado sea poco profesional.
En algunos hospitales y escuelas se exige un color específico, especialmente para estudiantes o determinadas áreas. En esos casos, la regla institucional debe tener prioridad sobre la preferencia personal.
Más que lograr que el calzado y el uniforme tengan exactamente el mismo tono, conviene mantener los zapatos limpios, en buen estado y adecuados para las actividades del puesto.
Los zapatos deben limpiarse de acuerdo con el material y con las instrucciones del fabricante. El uso de productos demasiado agresivos puede dañar la superficie, debilitar los adhesivos o modificar el comportamiento de la suela.
Como cuidado general:
En áreas especiales, como quirófano o laboratorio, deben seguirse los procedimientos de limpieza definidos por la institución. Una recomendación doméstica no debe sustituir los protocolos del centro de trabajo.
No existe un número de meses que funcione para todas las personas. El desgaste depende de la distancia recorrida, el peso soportado, la forma de caminar, el tipo de piso, la frecuencia de uso y la calidad del calzado.
Conviene revisar la posibilidad de reemplazarlos cuando:
Un estudio longitudinal que evaluó zapatos utilizados en condiciones reales de trabajo encontró que el desempeño relacionado con la tracción disminuye conforme avanza el desgaste. Por eso, además del tiempo de uso, es importante observar el estado de la zona desgastada y la pérdida de los canales de la suela. Applied Ergonomics
Los zapatos que se usan con uniformes médicos deben elegirse por su ajuste, estabilidad, facilidad de limpieza y compatibilidad con las superficies del lugar de trabajo. Los tenis de trabajo, los slip-on cerrados, los zuecos con buena sujeción y los zapatos casuales pueden ser adecuados, pero no funcionan igual en todos los puestos.
Una enfermera que recorre habitaciones durante gran parte del turno necesita priorizar la estabilidad y el agarre. En un laboratorio, la protección y las normas internas pueden ser más importantes. En consulta o recepción, la presentación profesional puede tener mayor peso, sin dejar de considerar la comodidad.
La palabra “antideslizante” no debe ser el único criterio de compra. También hay que revisar el tipo de piso, el ajuste, la duración del turno, la facilidad de mantenimiento y el estado de la suela.
El color puede ayudar a mantener una imagen coherente con el uniforme, pero debe ocupar un lugar secundario. La mejor elección es aquella que cumple las reglas de la institución, permite trabajar con estabilidad y se adapta a las actividades reales de cada jornada.