Testimonio de enfermería: una nota inesperada que cambió mi semana

Artículo publicado en: 14 feb 2026
Testimonio de enfermería: una nota inesperada que cambió mi semana
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Esta semana, dentro de nuestra dinámica especial “No hablamos de trabajo, hablamos del corazón”, recibimos varios mensajes de enfermeras y personal médico en México.

Algunos eran divertidos.
Otros, profundamente honestos.

Hoy compartimos uno que nos hizo detenernos unos minutos antes de seguir con el día.

(Nombre reservado por privacidad)


“Pensé que él ni siquiera sabía quién era yo”

Trabajo en un hospital público desde hace casi ocho años. He visto de todo. Turnos dobles. Noches eternas. Pacientes agradecidos. Pacientes molestos.

Pero esta historia no es dramática. Es pequeña. Y justo por eso no la olvido.

Hace unas semanas ingresó un señor mayor. No hablaba casi nada. Contestaba con monosílabos. Siempre serio. Siempre mirando hacia la ventana.

Yo estaba asignada a su área esa semana. Le tomaba signos, revisaba medicamentos, acomodaba la cama, lo ayudaba a sentarse. Lo normal. Lo rutinario.

A veces intentaba hacer conversación.

—¿Cómo amaneció hoy?
—Bien.

—¿Le duele algo?
—No.

Nada más.

Después del cuarto día dejé de intentar hablar demasiado. Pensé que simplemente era así. Callado. Distante. De esos pacientes que solo quieren que uno haga su trabajo y se vaya.

No lo tomé personal. En el hospital aprendes a no tomarte nada personal.


El turno más largo de esa semana

Ese viernes fue pesado. Muchísimo movimiento. Una compañera faltó. El turno se hizo eterno.

Recuerdo que miré el reloj: 3:17 p.m.
Sentía las piernas duras, como si estuvieran llenas de cemento. No había tenido tiempo ni de terminar mi café.

En algún punto pensé:
“Estoy demasiado cansada para seguir siendo amable.”

No lo dije en voz alta, claro. Pero lo pensé.

Cuando llegó el momento del alta del señor, fui a ayudarlo a cambiarse. Lo ayudé a sentarse despacio. Revisé que los papeles estuvieran firmados.

Todo normal.

Silencio, como siempre.


Lo que no esperaba

Antes de irse, metió la mano en la bolsa de su camisa y sacó un papel pequeño, doblado muchas veces.

Me lo extendió.

—Para usted —dijo.

Pensé que era algún documento que había olvidado. Lo abrí después, ya en el pasillo.

Era una hoja arrancada de una libreta. La letra era temblorosa.

Decía:

“Gracias por tratarme como persona y no solo como paciente.”

Nada más.

No era una carta larga. No era un discurso emotivo. Solo esa frase.

Y no sé por qué, pero sentí que algo dentro de mí se aflojaba.

Porque esa semana yo estaba funcionando en automático. Cumpliendo. Corriendo. Resolviendo.
Y en medio de todo eso, alguien había notado algo.

No que puse la vía bien.
No que administré el medicamento a tiempo.

Sino que lo traté como persona.


Lo que nadie ve del personal de salud

Muchas veces creemos que nadie se da cuenta del esfuerzo invisible.

Las horas de pie.
El dolor en la espalda.
El cansancio que no se nota porque seguimos sonriendo detrás del cubrebocas.

Ese papel no cambió mi vida. No hizo que el hospital fuera menos pesado. No solucionó el estrés.

Pero esa tarde, mientras me quitaba el uniforme en el vestidor, decidí algo sencillo:

Al día siguiente iba a volver.

No porque todo fuera perfecto.
Sino porque, a veces, sí importa.

Y eso fue suficiente.


¿Te ha pasado algo parecido esta semana?

Historias como esta nos recuerdan que detrás de cada uniforme hay una persona con emociones reales.

Si eres enfermera, médico, dentista, terapeuta o trabajas en el sector salud en México, queremos leerte.

Esta semana estamos compartiendo momentos reales de nuestra comunidad:

💛 Un instante que te recordó por qué empezaste.
😩 O uno que simplemente necesitabas sacar del pecho.

Puedes compartir tu historia en nuestra dinámica especial. Algunas serán seleccionadas para aparecer (de forma anónima) en nuestro blog y redes.


Un pequeño gesto para nuestra comunidad

Como agradecimiento por formar parte de esta conversación, dejamos aquí un detalle especial:

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Si alguna vez alguien te dejó una nota, una palabra o un gesto inesperado… probablemente entiendes por qué esta historia merecía ser contada.

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