Ella sabe exactamente cómo se siente no querer que te vean. Y eso cambió la manera en que ve a cada persona que entra a su spa.
@malvaespacioCosmetóloga · Fundadora de MALVA ESPACIO SPA
Quién es y qué hace
Es cosmetóloga y dueña de MALVA ESPACIO SPA, un espacio que fundó junto a su equipo y donde se especializan en tratamientos faciales y corporales. Cada persona que llega tiene una necesidad distinta — manchas de embarazo, marcas post acné, vello excesivo — y ella se encarga de atenderla con criterio, con cuidado, y cuando es necesario, con la honestidad de decirle: "Primero ve con un especialista."
Porque su trabajo, dice, no es solo tratar la piel. Es contribuir al bienestar de la persona completa.
Por qué eligió este camino
Pocos adivinarían que detrás de una cosmetóloga hay una ingeniera química. Pero así es: su primera carrera fue ingeniería química, con especialidad en procesos industriales. La estudió, la amó, y no se arrepiente de un solo día que pasó en esas aulas.
"La química se ve en todo, en todo en nuestra vida."
Pero la vida tenía otro plan. Algo dentro de ella seguía apuntando hacia otro lado, hacia los sueños que había dejado en pausa. Escuchó esa voz, tomó la decisión difícil de no ejercer su primera carrera, y apostó por la cosmetología.
Hoy, esos dos mundos conviven en ella. La rigurosidad de la ingeniería y la sensibilidad del cuidado estético se complementan en cada tratamiento que diseña. Ningún camino fue en vano.
Lo que cree sobre su trabajo
Para ella, la cosmetología no se trata de la piel en abstracto. Se trata de la persona que vive dentro de esa piel.
Lo sabe porque lo vivió. En la adolescencia tuvo acné severo — brotes intensos que afectaron su autoestima, su manera de relacionarse, su forma de moverse por el mundo. Hubo un momento en que decidió cortarse el fleco para cubrir la zona más afectada. Pensó que así la gente dejaría de mirarla, de hacer comentarios, de señalarla en la escuela o en reuniones familiares. El acné empeoró. Pero lo que más dolía no era la piel — era sentirse invisible de la peor manera posible: vista por lo que querías esconder.
Esa experiencia vive en ella cada vez que recibe a un paciente con acné. Reconoce la mirada. Sabe lo que hay detrás de esa inseguridad que no siempre se dice con palabras.
"Veo sus rostros cuando llegan y la verdad es que es una inseguridad tremenda. El que no quieres que te vean, el que no quieres que hagan comentarios sobre lo que tienes."
Por eso acompaña el proceso con tanto cuidado. No solo aplica el tratamiento — cuida cómo habla, cómo mira, cómo hace sentir a cada persona que se sienta frente a ella. Porque sabe lo importante que es para ellos cómo se sienten. Y lo que significa verse diferente en el espejo después de semanas de trabajo conjunto.
El momento que más valora
No hay un solo momento. Hay muchos, y se repiten.
Están los pacientes de acné que llegan con la cabeza baja y con el tiempo van llegando con otra actitud, otra cara, otra energía. Están las mujeres que vienen preguntando por vello excesivo sin saber que eso puede ser señal de un desequilibrio hormonal — y a quienes ella, en lugar de solo ofrecerles una solución estética, orienta primero hacia el médico correcto. Y que después regresan, agradecidas, porque alguien por fin les explicó qué les estaba pasando en su propio cuerpo.
"Muchísimas gracias porque fuiste este primer acercamiento para saber qué era lo que tenía, porque yo realmente no entendía qué era lo que me estaba pasando."
Eso es lo que más valora: no ser solo un servicio, sino ser la persona que ayuda a alguien a entenderse mejor a sí misma.
Hacia dónde va y qué les dice a las que empiezan
En diez años se ve al frente de una cadena de spas bajo la marca MALVA ESPACIO SPA. Se ve también dando conferencias de emprendimiento a mujeres — compartiendo lo que habrá aprendido con quienes están en el punto donde ella estuvo: con el sueño claro pero el miedo presente. Y se ve en redes sociales, más fuerte que nunca, porque sabe que ahí también se construye comunidad y confianza.
A su yo del futuro le diría que cada paso firme valió la pena. Que la decisión difícil de dejar la ingeniería para apostar por la cosmetología fue exactamente lo que puso los cimientos de todo lo que vino después.
Y para quien quiera seguir sus pasos, el consejo es uno solo:
"No tengas miedo a cambiar de opinión. Si tú estás segura de que estás tomando la mejor decisión, hazlo."