Lo que no aprendí en la facultad – Martín Olvera Médico rural

Artículo publicado en: 15 ene 2025 Autor del artículo: Admin我的商店
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Mi nombre es Martín Olvera. Al terminar la carrera de medicina, me asignaron al servicio social en un centro de salud rural en la Sierra de Chiapas. No había laboratorio, ni ambulancias, ni internet. A veces, ni luz.

Julián fue el primer paciente que no logré salvar. Tenía 14 años. Llegó casi inconsciente, traído en la parte trasera de una camioneta por su padre. Tenía fiebre altísima, sangrado de encías y una expresión apagada. Lo recostamos sobre una camilla desvencijada mientras yo revisaba sus signos vitales con un estetoscopio que ya tenía años de uso. Diagnóstico probable: dengue hemorrágico.

Le coloqué un suero, le administré paracetamol oral porque era todo lo que había. Lo hidratamos manualmente. Usé toallas de tela que una señora del pueblo trajo de su casa para hacerle compresas. Anotaba sus constantes en una libreta. Me senté a su lado toda la noche.

A las 4:17 de la madrugada supe que había fallecido. El silencio fue brutal. Su padre, de pie, me miró y dijo:
“Gracias por intentarlo, doctor.”

Esa noche entendí que la medicina no siempre fracasa por falta de conocimientos, sino por falta de recursos. Julián me enseñó lo que la universidad no pudo: que el dolor no solo es físico, también es estructural.

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