Medicina entre brechas y barrancos – Dra. Mónica Esquivel

Artículo publicado en: 7 may 2025 Autor del artículo: Admin我的商店
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Cuando recibí mi carta de asignación para servicio social, me quedé viendo el nombre del pueblo durante varios segundos. Nunca lo había escuchado. Lo busqué en Google, pero no aparecía ni en el mapa. Al llegar, entendí por qué.

El camino era una brecha de tierra con curvas infinitas. La clínica tenía un escritorio viejo, un par de sillas de plástico y una caja de medicamentos caducos. El baño era un agujero en el suelo. Dormía en un catre detrás del consultorio. Llovía dentro. Se iba la luz. No había señal.

Los primeros días nadie venía. Luego llegó una mujer con dos niños enfermos de sarna. Me senté en el piso para tratarlos. Le pedí ayuda a ella para preparar jabones con ceniza y sal. Al día siguiente, trajo a su hermana. La semana siguiente, a toda la comunidad.

Aprendí a revisar embarazos con tacto abdominal, a improvisar tratamientos cuando no había más que aspirina, a escribir recetas a mano en servilletas.

Un día, una anciana me dijo mientras le curaba una herida infectada:
“Aquí no necesitamos doctores sabiondos, necesitamos doctores que se queden.”

Al final del año, me costó irme. Había aprendido más medicina que en cualquier hospital. Pero sobre todo, entendí que ejercer no es aplicar protocolos:
es adaptarse, observar, hablar con calma, sanar también con la presencia.

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