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Dentro de nuestra dinámica “No hablamos de trabajo, hablamos del corazón”, varias personas del sector salud nos han escrito mensajes muy honestos.
No todos hablan de momentos felices.
Algunos hablan de dudas.
Hoy compartimos uno que nos recordó que incluso quienes parecen fuertes también tienen días límite.
(Nombre reservado por privacidad)
Soy enfermera desde hace siete años. Trabajo en un hospital privado en México. Siempre he sido de las que resuelven. De las que no se quejan mucho. De las que dicen “yo puedo”.
Pero hace unas semanas tuve un día distinto.
No fue un gran error.
No fue una tragedia.
Fue acumulación.
Turnos seguidos.
Pacientes difíciles.
Un familiar que me habló como si yo no estuviera haciendo suficiente.
Llegué a casa en silencio. Me quité los zapatos y sentí cómo me latían los pies. No lloré. No grité.
Solo abrí la laptop.
Y escribí en el buscador de mis documentos: “renuncia”.
Ahí estaba. Un borrador que había empezado meses atrás después de otra semana pesada.
Lo abrí.
Leí lo que había escrito tiempo atrás:
“Por motivos personales…”
Me quedé mirando la pantalla varios minutos.
No estaba enojada.
Estaba vacía.
Ese tipo de cansancio que no se quita durmiendo ocho horas.
El que te hace dudar de todo, incluso de algo que antes te hacía sentir orgullosa.
Pensé en lo fácil que sería enviarlo.
Pensé en buscar algo con horarios más estables.
Pensé en no sentir más esa presión constante en el pecho.
Esa misma semana, una paciente joven me había tomado la mano antes de entrar a procedimiento.
—Qué bueno que usted está aquí —me dijo.
En ese momento no le di mucha importancia. Era parte del trabajo.
Pero sentada frente a la pantalla, recordé su voz.
Recordé que respiró más tranquilo cuando le expliqué lo que iba a pasar.
Recordé que me dijo “gracias” dos veces.
No era algo extraordinario. No era una escena de película.
Pero entendí algo incómodo y honesto:
Yo estaba agotada.
Pero todavía me importaba.
Y mientras eso fuera cierto, tal vez no era momento de irme.
Cerré el archivo.
No lo borré.
Solo lo cerré.
En el hospital casi nunca hablamos de esto.
Hablamos de protocolos.
De turnos.
De pacientes.
Pero no siempre hablamos de las ganas de salir corriendo algunos días.
Si trabajas en salud, sabes que no todo es vocación romántica. A veces es resistencia. A veces es compromiso. A veces es simplemente seguir un día más.
No sé qué haré dentro de cinco años.
No sé si me quedaré para siempre.
Pero ese día decidí quedarme un poco más.
Y por ahora, eso es suficiente.
Esta semana estamos compartiendo historias reales del personal de salud en México: momentos cálidos, momentos difíciles y decisiones que casi nadie ve.
Si alguna vez abriste un borrador parecido… probablemente no eres la única persona que lo ha hecho.
Puedes compartir tu historia en nuestra dinámica especial. Algunas serán seleccionadas (de forma anónima) para aparecer en nuestro blog y redes.
Sabemos que el agotamiento emocional no se resuelve con un descuento.
Pero queremos dejar un detalle para quienes siguen dando lo mejor incluso en días difíciles:
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Gracias por seguir, incluso cuando nadie ve el esfuerzo interno que implica.